Estas son las ideas que determinan cómo trabajamos.
No creemos que una boda deba detenerse para ser fotografiada.
Las fotografías tienen que adaptarse a la boda, no la boda a las fotografías.
No documentamos una versión idealizada de una boda. Documentamos lo que realmente ocurre.
Nos interesa la verdad del día, no su representación.
No buscamos momentos. Buscamos relaciones.
Una boda habla de las personas y de cómo se quieren, no solo de lo que hacen.
La mejor fotografía no siempre es la más espectacular.
Muchas veces es la que dice algo que ninguna otra puede explicar.
Editar después también es fotografiar.
Elegir qué imágenes desaparecen cambia el significado de lo que permanece.
No entregamos todas las fotografías que hacemos.
Entregamos las que la historia necesita.
Cuando intervenimos, intentamos que siempre exista una buena razón para hacerlo.
No dirigimos por costumbre. Solo cuando creemos que aporta algo a la historia sin cambiar su naturaleza.
Preferimos que olvidéis la cámara antes que enseñaros a comportaros delante de ella.
La confianza siempre produce mejores fotografías que las instrucciones.
El contexto también cuenta la historia.
Los invitados, las conversaciones, las esperas, las ausencias y los pequeños gestos forman parte de la boda tanto como sus protagonistas.
No hacemos fotografías para demostrar lo bonita que fue una boda.
Las hacemos para explicar cómo fue.
Nuestro trabajo no consiste en estar en todas partes.
Consiste en estar donde la historia lo necesita.
Una fotografía solo merece la pena cuando no ha sido necesario cambiar lo que estaba ocurriendo para conseguirla.
Si para obtener una imagen hay que sustituir la realidad por una escena inventada, es que se va a fotografiar otra cosa.
No queremos crecer hasta dejar de reconocer nuestro propio trabajo.